Por: Ricardo Tribin Acosta
Nuestro maestro aparecerá solo cuando, cada cual, como alumno, esté listo. Lo anterior implica que para poder recibir una enseñanza es preciso tener la disposición y buena voluntad para que ello ocurra. De lo contrario será poco más o menos difícil a arar en un desierto.
El problema fundamental es que no pocos seres humanos creen que se las saben todas y por tanto solamente oyen, mas no saben escuchar, o sea asimilar lo que les transmiten. Son además tercos, impertinentes, y arrogantes, lo cual imposibilita el aprendizaje de cualquier lección, incluso las derivadas de sus propias equivocaciones y consecuencias.
En la Universidad tuve un gran profesor que enseñaba matemáticas, amable y estricto, quien algún día explicando a su clase preguntó: ¿Que piensan Uds. que es esto? Un joven que permanentemente tan solo quería sobresalir, saltó como una liebre y rápidamente le contestó “Dr., ese es el teorema del “ Chivo “. No joven, respondió inquieto el profesor. Es el teorema de Chió, atribuido al gran matemático italiano Felipe Chió, quien con el creo la regla para simplificar el cálculo de los Determinantes. La clase entera se rio por la impertinencia de su compañero quien, por dárselas de artista, quedó como la parte sur de las vacas que van pa’l Norte.