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Los Hits de la Guerra: la sintonía repetitiva de la propaganda

El Querendón by El Querendón
5 octubre, 2025
in Columnista
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Los Hits de la Guerra: la sintonía repetitiva de la propaganda

Por: José Lincer Valencia

En la era de la información global, los conflictos bélicos no solo se libran en los campos de batalla, sino en las pantallas y las mentes de la audiencia mundial. Cada guerra importante produce su propia banda sonora propagandística: un “hit” que domina las ondas, simplifica narrativas complejas y, con frecuencia, oscurece la cruda realidad que representa. Observar este fenómeno no es tomar partido, sino cuestionar el mecanismo en sí: la hipocresía de una maquinaria que, independientemente del bando, funciona con una receta inquietantemente similar.

Todo “hit” propagandístico se construye sobre unos pilares reconocibles:

1-La deshumanización del “otro”: El adversario deja de ser una población diversa con civiles, niños y ancianos para convertirse en una masa homogénea: “terroristas”, “invasores”, “nazis”, “colonialistas”. Este lenguaje elimina la carga moral de su sufrimiento.

 

  • La victimización propia absoluta:La propia acción militar se presenta siempre como una respuesta necesaria, defensiva y proporcional. Cualquier daño colateral es un precio trágico, pero inevitable, impuesto por la maldad del enemigo.

 

3-El control de la arrativa visual: Se muestran selectivamente las imágenes que conmueven a la propia base de apoyo, mientras se desacreditan o se ocultan las que muestran el sufrimiento del otro lado. El dolor se convierte en un arma de persuasión.

El conflicto actual entre Israel y Hamás es un caso de estudio en tiempo real. La narrativa dominante para una gran parte del mundo occidental presenta a Israel ejerciendo su “derecho a la legítima defensa” tras los atroces ataques del 7 de octubre de 2023, donde murieron aproximadamente 1.200 israelíes y unos 240 fueron tomados como rehenes. El foco se sitúa en la necesidad de erradicar a Hamás, una organización designada como terrorista por múltiples países.

Simultáneamente, la narrativa opuesta, amplificada en gran parte del Sur Global y en redes sociales, presenta a Israel como un “estado ocupante y colonial” que lleva a cabo una campaña de castigo colectivo y “limpieza étnica” en Gaza. Las imágenes de niños bajo los escombros y las cifras de víctimas civiles son el centro de esta narrativa.

Según el Ministerio de Salud de Gaza, administrado por Hamás pero cuyas cifras son consideradas generalmente creíbles por la ONU y otros organismos, el número de muertos palestinos supera ampliamente los 35.000, la gran mayoría de ellos mujeres y niños. La destrucción de infraestructuras civiles —hospitales, escuelas, universidades— es casi total. Mientras, los rehenes siguen en cautiverio y los cohetes siguen cayendo sobre Israel.

La pregunta que surge, incómoda pero necesaria, es: ¿en qué punto la legítima defensa se funde con una respuesta que genera un orden de magnitud de sufrimiento radicalmente diferente? La propaganda de ambos bandos evita esta pregunta, instándonos a elegir un bando y cerrar los ojos a una parte del cuadro.

Hace apenas dos años, la sintonía era otra. La invasión rusa de Ucrania en 2022 generó un consenso occidental casi unánime. La narrativa era clara: Ucrania, la víctima democrática e inocente, frente a Rusia, el agresor imperialista y autoritario.

Esta narrativa, amplificada por líderes ucranianos con una maestría en comunicación, era poderosa y se basaba en un hecho indiscutible: la violación del derecho internacional por parte de Rusia. Sin embargo, incluso en esta guerra con un agressor más claramente definido, la maquinaria propagandística funcionaba. Se minimizaban los problemas de corrupción en Ucrania o la presencia de elementos nacionalistas radicales en su ejército, para no empañar la imagen de una lucha maniquea entre el bien y el mal.

Las cifras aquí también son elocuentes. Según la ONU, hasta abril de 2024, se habían verificado más de 10.000 civiles muertos y cerca de 20.000 heridos, admitiendo que las cifras reales son probablemente mucho más altas. Millones de refugiados. Y del lado ruso, estimaciones de inteligencia occidental hablan de más de 200.000 soldados muertos o heridos, y decenas de miles de víctimas ucranianas. Cada número, una vida truncada, se diluye en la narrativa más grande de “la lucha por la libertad” o “la operación militar especial”.

La mayor hipocresía de esta industria de los “hits de la guerra” reside en su selectividad. Mientras nos enfocamos en Ucrania o Gaza, otras guerras, igual o más letales, transcurren en una penumbra mediática casi total.

Guerra Civil en Myanmar: Desde el golpe de Estado de 2021, más de 8.000 civiles han sido asesinados y 1,8 millones han sido desplazados. La cobertura es marginal.

 

Conflicto en la República Democrática del Congo: Un conflicto complejo por los recursos mineralares que ha causado millones de muertos (directa o indirectamente) en décadas, y que en los últimos años ha recrudecido con masacres constantes. Es una de las crisis humanitarias más grandes del mundo, y sin embargo, rara vez ocupa portadas.

 

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