Por José Luis Ortiz Güell.
Mientras el público se maravilla (y se asusta) con los últimos avances de los chatbots y la
inteligencia artificial generativa, hay otra revolución en marcha. Más silenciosa. Más
profunda. Y, en muchos sentidos, más peligrosa.
Hablamos de la tecnología implícita: sistemas que no buscan visibilidad, sino integración
total. No venden un producto, construyen el tejido mismo por donde circula la economía
digital. No son startups de consumo; son empresas que rediseñan cómo funcionan sectores
enteros, desde la energía hasta la salud.
En esta transformación están participando perfiles híbridos: inversores con mirada técnica,
tecnólogos con ambición sistémica. Voces como la de Zak Manhire, con experiencia en
inversión tecnológica y estrategia comercial global, o Jessie Xiao, desde la vanguardia de
la computación descentralizada y la infraestructura digital, ofrecen claves para entender por
qué el capital más informado está huyendo del hype y apostando por lo invisible.
"La pregunta ya no es en qué IA invertir, sino en qué capa de la IA desplegar capital",
explica Zak Manhire. "El verdadero valor está en la infraestructura: herramientas que
permiten a otros construir, escalar o automatizar procesos críticos."
Hablamos de la tecnología implícita: sistemas que no buscan visibilidad, sino integración
total. No venden un producto, construyen el tejido mismo por donde circula la economía
digital. No son startups de consumo; son empresas que rediseñan cómo funcionan sectores
enteros, desde la energía hasta la salud.
"Cuando puedes ver la solución, probablemente ya sea demasiado tarde para invertir", dice
Jessie Xiao, quien analiza desde el ecosistema cripto-infraestructura por qué los focos de
inversión están cambiando. Y tiene razón.
Jessie señala, por ejemplo, que el sector de climate tech sigue atrayendo capital serio: en
2024, las inversiones en energía limpia y compañías de power alcanzaron unos US$9.4 mil
millones sólo en crecimiento de VC en EE.UU., según la firma CTVC. Y aunque en el primer
semestre de 2025 las inversiones globales en climate tech bajaron un 19 % respecto al
mismo período de 2024, eso no significa que el tema esté muerto: es más bien un reajuste
hacia ejemplares más maduros.
Aplicado al ámbito de IA y entretenimiento —un terreno donde también opera Zak
Manhire— la lógica es similar: ya no basta con hacer un videojuego que la gente
descargue. Se invierte en las plataformas de IA que permiten a ese videojuego adaptarse al
usuario, escalar sin cuelgues, personalizar experiencias y monetizar de formas que antes ni
se planteaban.
3. ¿Hacia dónde van los nuevos fondos? Entre plataformas, IA y datos que
operan en sombra
“Los fondos ya no solo buscan apps que se bajen millones de veces. Buscan
plataformas que conviertan experiencias en operaciones continuas con IA al
mando”, añade Zak Manhire.
Según PwC, la realidad aumentada generó más de US$ 12.700 millones en ingresos en
EE.UU. en 2024, con un crecimiento del 15,7 %. Pero no es el único sector bajo el radar: la
automatización industrial ya vale aproximadamente US$ 169.8 mil millones en 2024, con
previsión de crecer hasta alrededor de US$ 443 mil millones para 2035.
Por otro lado, la logística tecnológica está experimentando un repunte: se estima que el
mercado global de IA generativa para logística valía US$ 1.3 mil millones en 2024 y que
alcanzará cerca de US$ 7.0 mil millones para 2030.
Jessie Xiao lo ve claro: “El entretenimiento es un campo de pruebas brutal para
la IA. Es ahí donde se estresa el sistema: decisiones en tiempo real, millones
de usuarios, interacción emocional. Si una tecnología funciona ahí, puede
funcionar en cualquier industria.”
Este tipo de inversión cruz‑sectorial tiene sentido cuando miras el mapa completo: salud
digital, entretenimiento adaptativo, energía limpia, logística inteligente… todos ellos
comparten un denominador común: requieren capas tecnológicas profundas, que no llamen
la atención por sí solas, pero que sostienen industrias enteras. Así, mientras muchos se
distraen con “la siguiente app disruptiva”, el capital más informado apuesta donde nadie
está mirando.
4. Lo invisible como estrategia
Ambos coinciden en que la nueva ventaja competitiva no se va a anunciar en una web. Va a
estar incrustada en el corazón mismo de las operaciones.
"No invertimos en empresas que quieren parecer innovadoras. Invertimos en las que hacen
el trabajo difícil que nadie quiere mirar", dice Jessie.
Zak lo resume con precisión: "Las mejores startups del futuro no dirán que son de IA. Serán
logísticas,entretenimiento, salud o industria pesada, y usarán IA como una capa que no
puedes replicar."
La nueva era tecnológica ya no se define por lo que vemos, sino por lo que funciona sin que
lo notemos. Y quienes están invirtiendo en esa capa invisible están

