Por José Luis Ortiz Güell.
Zaragoza fue testigo, del 24 al 26 de mayo, de una constelación sonora. Viky Lafuente,
acompañada por su imponente Big Band, clausuró el evento Cotton Club en el Teatro del
Mercado no solo con el lleno absoluto en cada función, sino con esa rara comunión entre
artista y público que distingue a los elegidos. La crítica especializada ya lo denomina “el
hito jazzístico del año en la ciudad”.
Hay voces que cantan e interpretan, y luego está la de Viky Lafuente, que parece esculpir
el aire. Durante las tres veladas que protagonizó en el ciclo Cotton Club, la cantante
demostró por qué su nombre resuena con fuerza creciente en el circuito internacional del
jazz y el gospel. Su actuación no fue un simple concierto; fue una masterclass de
presencia escénica, técnica depurada y un carisma que transformó el histórico Teatro del
Mercado en un auténtico speakeasy neoyorquino.
Desde el primer acorde, Lafuente estableció un diálogo cómplice con su Big Band, una
formación de músicos excepcionales que funcionó como un solo cuerpo, engrasado y
vibrante. El repertorio, una travesía del jazz más clásico y elegante a las profundidades
conmovedoras del gospel —como adelantaba la organización—, fue hilvanado con una
narrativa casi dramatúrgica. En todos los temas Viky Lafuente desplegó un abanico de
matices que iban del susurro íntimo a la potencia telúrica, sin artificios, solo con la verdad
de su instrumento vocal.
“Estamos ante una artista de talla mundial, cuya musicalidad y entrega transforman cada
actuación en una experiencia irrepetible”, declaró un prestigioso critico músical de
España que fue testigo excepcional del evento.
De hecho no fue sólo una opinión destacable sino fue el sentir general de un público que
ovacionó en pie cada canción. El dominio escénico de la cantante, su elegancia innata
lograron que estándares inmortales respirasen una vitalidad contemporánea,
conquistando tanto a melómanos puristas como a nuevas audiencias.
El evento Cotton Club no solo ha significado la consolidación definitiva de Viky Lafuente
en la escena nacional e internacional , sino que la proyecta como un activo cultural de
primer orden. En un tiempo donde la autenticidad escasea, Viki Lafuente irrumpe como un
faro de talento genuino, recordándonos el poder redentor de una gran voz en su máximo
esplendor.
El Teatro del Mercado, transformado para la ocasión en un club clandestino con luz de
gas y terciopelo, ofreció el marco ideal para que la magia operase sin interferencias. No
hubo gradas, sino mesas dispuestas alrededor del escenario que disolvieron la distancia
entre artista y espectador. Esta cercanía física se convirtió en intimidad emocional cuando
Lafuente, micrófono en mano y mirada cómplice, descendió al patio de butacas en el
segundo pase para cantar a apenas un palmo de un público que contenía la respiración.
En ese instante, Zaragoza no era Zaragoza, sino el Harlem de los años veinte.
Técnicamente, la noche rozó la excelencia absoluta. La sección de metales empastó con
una precisión quirúrgica y el piano dibujó acuarelas armónicas sobre las que la voz de
Lafuente flotó con una facilidad pasmosa, especialmente en los pasajes a capela que
desarmaron al respetable. “No se puede enseñar lo que ella tiene”, confesó al término del
concierto un veterano músico de la formación, visiblemente emocionado. “Eso es duende,
eso es tener el don”. La gran paradoja de la velada fue que, si bien el Cotton Club miraba
al pasado glorioso del jazz, Viky Lafuente demostró que el género tiene futuro siempre
que existan artistas capaces de habitarlo con tanta verdad.
Las repercusiones no se hicieron esperar. La prensa especializada cataloga ya su paso
por el ciclo como un antes y un después en la programación cultural de la ciudad, y varias
instituciones han mostrado interés en repetir una fórmula que, en otras manos, sería un
riesgo y en las suyas, un triunfo asegurado. Viky Lafuente abandona Zaragoza dejando
tras de sí no solo el eco de los aplausos, sino la certeza de haber ofrecido algo que
trasciende el mero espectáculo. Porque hay conciertos que se escuchan, y luego, muy de
tarde en tarde, conciertos que se recuerdan con los ojos cerrados y la piel erizada. El del
Cotton Club pertenece, sin duda, a esta última estirpe.
Enlace relativo al evento: https://www.facebook.com/reel/1677477946608486

