A pocos días de cerrar el primer semestre de 2026, la inflación de los alimentos continúa siendo uno de los factores que más pesa sobre el bolsillo de los hogares colombianos. Aunque el aumento general de precios mostró señales de moderación frente a años anteriores, la comida sigue ocupando un lugar central en las preocupaciones económicas de millones de familias.
Detrás de este comportamiento hay una combinación de elementos que afectaron la producción, el transporte y los costos de los productos agrícolas durante los primeros meses del año. Un análisis de Oxford Economics identificó tres factores principales, las fuertes lluvias registradas al inicio de 2026, los bloqueos en distintas vías del país y el incremento de los costos laborales que enfrentaron productores y empresas de la cadena alimentaria.

Las presiones no son exclusivas de Colombia. El fenómeno se replicó en otras economías latinoamericanas como México y Perú, donde frutas, verduras, carnes y otros alimentos frescos también impulsaron parte importante de la inflación reciente. Sin embargo, en el caso colombiano el impacto es particularmente visible, pues el encarecimiento de los alimentos explica cerca del 22% de la inflación acumulada durante este año.
Las cifras muestran la magnitud del fenómeno. Solo en abril, la división de alimentos y bebidas no alcohólicas fue la segunda categoría con mayor incidencia en la variación anual del Índice de Precios al Consumidor (IPC), aportando 1,27 puntos porcentuales al resultado total. De acuerdo con la consultora internacional, gran parte de la volatilidad se concentró en los productos frescos, una categoría especialmente vulnerable a factores climáticos. Durante el primer trimestre, varias regiones del país enfrentaron lluvias atípicas que superaron los niveles habituales y afectaron tanto actividades agrícolas como ganaderas.
Las consecuencias se reflejaron en menores rendimientos productivos, dificultades para la recolección de cosechas y complicaciones logísticas para llevar los productos a los centros de distribución y comercialización. A ello se sumaron interrupciones en corredores viales estratégicos, lo que elevó los costos de transporte y generó retrasos en el abastecimiento de algunos mercados. No obstante, Oxford Economics consideró que estos episodios suelen ser temporales. El informe señaló que históricamente los incrementos pronunciados en alimentos frescos suelen estar seguidos por períodos de corrección, una vez se normalizan las condiciones climáticas y mejora la oferta disponible en el mercado.

La situación internacional también juega un papel importante. El conflicto en Medio Oriente tiene repercusiones sobre los precios globales de la energía y de varios insumos esenciales para la agricultura, especialmente los fertilizantes. Cuando aumentan los costos energéticos, la producción agropecuaria se vuelve más costosa en múltiples etapas, desde la fabricación de fertilizantes hasta el transporte de mercancías. Como resultado, parte de esos mayores gastos termina trasladándose al precio que pagan los consumidores.
Frente a este panorama, la firma proyecta un escenario más favorable para los próximos meses. Sus estimaciones apuntan a una reducción gradual en los precios internacionales del petróleo hacia finales de año. Mientras durante el segundo trimestre el barril podría ubicarse alrededor de los USD 118, para el cuarto trimestre, la proyección es que descienda hasta los USD 79.
De materializarse ese escenario, algunos costos asociados a la producción agrícola podrían disminuir. Entre los principales beneficiados estarían los fertilizantes como la urea, ampliamente utilizados en diferentes cultivos y cuya cotización suele estar estrechamente ligada al comportamiento de los mercados energéticos.

Aun así, los analistas advirtieron que existen variables que seguirán siendo determinantes. Entre ellas aparecen la duración de las restricciones impuestas por China sobre ciertas exportaciones de fertilizantes, la evolución de las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y la capacidad de los productores para absorber los aumentos de costos sin trasladarlos completamente al consumidor final.
El informe también pone la atención sobre los granos, cuyo comportamiento tiene efectos distintos dentro de la economía alimentaria. Cultivos destinados directamente al consumo humano, como el arroz, el trigo y el maíz blanco, suelen impactar con mayor fuerza la inflación de alimentos porque forman parte de la dieta básica de millones de personas. En contraste, otros productos agrícolas como la soya, el sorgo y el maíz amarillo influyen de manera indirecta. Estos granos son utilizados principalmente para la alimentación animal, por lo que cualquier aumento en sus costos termina reflejándose posteriormente en productos como la carne, los huevos o los aceites.
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