El Ejército de Liberación Nacional (ELN) dio por cerrada la posibilidad de avanzar con el gobierno de Gustavo Petro y planteó que la disputa política en Colombia entra en una etapa de confrontación con el presidente electo Abelardo de la Espriella, al que acusó de querer gobernar bajo la línea del presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En un pronunciamiento de su dirección nacional, la guerrilla sostuvo que la negociación supuestamente se frustró por incumplimientos oficiales y reubicó su discurso en torno a la “paz con justicia social”, no entendida como desmovilización ni desarme.
El dato que el grupo armado usó para respaldar esa tesis fue electoral: afirmó que, de 41 millones de colombianos habilitados para votar, más de 15 millones se abstuvieron y cerca de 13 millones rechazan “la agresión, el saqueo y la subordinación a una potencia extranjera”. Con esa lectura, el ELN intentó presentar que el respaldo al nuevo mandatario no expresa una mayoría política homogénea, aunque esto sea contrario a lo expresado en las urnas.
La declaración también fijó una fecha como punto de tensión política: el 7 de agosto, día en que se posesionará el nuevo presidente. Según el grupo insurgente, desde ese momento se abriría un escenario marcado por amenazas contra la movilización y la libre expresión ciudadana.
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