A una semana de la emergencia que sacudió a nuestra región, la capital risaraldense empieza a mostrar una nueva cara gracias al esfuerzo conjunto de las autoridades y los propios ciudadanos. Tras ocho días de intensas jornadas, las principales vías afectadas ya lucen despejadas luego de una masiva recolección de escombros, un paso crucial para devolver la movilidad y la seguridad a los barrios más golpeados.
Mientras la maquinaria pesada y las cuadrillas limpian las calles, el corazón de la contingencia se traslada ahora a los albergues temporales. Allí, decenas de familias que perdieron sus hogares o cuyas viviendas quedaron bajo riesgo estructural reciben techo, alimentación y acompañamiento psicosocial. La solidaridad de los pereiranos ha sido el motor en estos refugios, donde la comunidad se organiza día a día para apoyarse mutuamente mientras se definen las soluciones habitacionales definitivas. La emergencia no ha terminado, pero la resiliencia de Pereira demuestra que la ciudad se levanta con fuerza

