Por: Manuel Laverde
El día de ayer
he muerto.
Hoy volví a nacer.
Mis huesos crujen y por mis agujeros
entran el oxígeno
y el verde que me nutren
y me obligan a moverme
de un lado a otro repetidamente,
Mientras de nuevo muero,
para volver de nuevo sobre la misma tierra
y el mismo asunto
que señala la memoria
y anquilosa la razón.
En tanto que termina esta forma humana
que grita incoherencias
y sufre de
genuflexiones
y que incluso
se atreve a hablar
de amor.
M.S.L.S
