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Torrente Presidente y el eco silencioso de un genio: la huella de Pedro Reyes

El Querendón by El Querendón
22 marzo, 2026
in Columnista
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Torrente Presidente y el eco silencioso de un genio: la huella de Pedro Reyes

Por José Luis Ortiz Güell
En el vasto e irregular mapa del humor español contemporáneo, pocos fenómenos han
alcanzado la transversalidad de Santiago Segura con su criatura más inmortal: Torrente.
La saga, que hizo de la incorrección política un estandarte, ha logrado tender puentes con
una audiencia diversa gracias a su habilidad para llevar al extremo las costumbres, los
excesos y las contradicciones más reconocibles de la sociedad española. Dentro de esa
trayectoria, Torrente Presidente se erige como una evolución casi inevitable: una sátira
política que lleva el absurdo hasta convertirlo en un espejo deformado, sí, pero
dolorosamente fiel.
El éxito de la propuesta no es fruto de la casualidad. Es el resultado de una fórmula pulida
durante años —humor directo, personajes desmesurados y una narrativa que, bajo su
aparente tosquedad, esconde un bisturí crítico— que supo capitalizar el momento político
y mediático con una precisión de relojería. Santiago Segura demostró una vez más su
capacidad para leer el pulso de la calle y transformarlo en un producto de masas que, sin
renunciar al entretenimiento, invitaba a una sonrisa incómoda sobre la realidad.
Sin embargo, como ocurre con frecuencia en las grandes historias de éxito, existen raíces
más profundas que apenas asoman en la superficie de la memoria colectiva. Antes de
que el antipático ex policía torciera su mirada hacia la Moncloa, antes de que su
candidatura ficticia se convirtiera en un fenómeno de taquilla, una idea similar
germinaba en un territorio más delicado, más experimental y, quizá por ello, más
frágil ante el olvido. Aquella idea la concibió y la encarnó un creador que nunca
persiguió el estruendo de la taquilla, sino la complicidad de la inteligencia.
Ese creador fue Pedro Reyes. Y su obra, Pedro Reyes for President.
Cuando la mayoría del público asocia la sátira política desde el absurdo con Torrente, se
está trazando un relato incompleto. Porque años antes, Pedro Reyes ya había lanzado su
propia candidatura. Lo hizo con una serie de sketches que, a la postre, se estrenaron a
título póstumo y que hoy pueden recuperarse en fragmentos que saben a legado: Pedro
Reyes for President, una obra que navega entre el surrealismo, la crítica social y una
ternura desarmante.
Fiel a su estilo inconfundible, Reyes no buscaba el gag inmediato ni la carcajada fácil. Su
humor era de otra naturaleza: más poético, más absurdo en el sentido más puro del

término, más cercano a aquella tradición que utiliza el desconcierto para iluminar lo que el
ruido oculta. En los capítulos que componen la serie —algunos recogidos en esta serie
ya se encontraba el germen de una idea poderosa: la política como escenario de lo
insólito, el poder como un juego de espejos donde el absurdo se convierte en la
única manera de contar una verdad.
No se trata, conviene subrayarlo, de establecer una competencia donde no la hay. Sería
injusto y empobrecedor enfrentar dos obras que pertenecen a registros, contextos y
ambiciones distintas. Santiago Segura ha construido un fenómeno legítimo, celebrado por
millones de espectadores, y su éxito merece el reconocimiento que ha obtenido. Pero
resulta imprescindible, desde una mirada cultural rigurosa, recordar que las intuiciones
creativas más agudas rara vez nacen en el vacío. Se alimentan de miradas previas, de
exploradores que transitaron territorios similares con menos focos, pero con una libertad a
menudo mayor.
Pedro Reyes fue, en ese sentido, un adelantado a su tiempo. Un creador que no
respondía a las tendencias ni buscaba la aprobación masiva. Su humor se movía en
un territorio propio, donde la lógica se suspendía y el lenguaje se convertía en juego. En
ese espacio, la idea de un presidente improbable no era únicamente un chiste: era una
reflexión existencial envuelta en la tontería más lúcida.
El hecho de que Pedro Reyes for President se difundiera de forma más amplia tras su
fallecimiento añade una nota melancólica a su legado. Como si su obra hubiera
quedado suspendida en un tiempo prestado, esperando que alguien la redescubriera.
Y en cierto modo así ha sido, aunque de manera indirecta: otras propuestas, con otros
códigos y otras escalas, han terminado por popularizar una premisa que él manejó con la
sutileza de quien sabe que el humor, cuando es verdadero, no necesita estridencias.
Llegados a este punto, conviene hacer explícita una reflexión que recorre el artículo con
hilo invisible pero firme: existe una suerte de injusticia histórica en la manera en que
la memoria colectiva ha asignado la paternidad simbólica de esta idea. No se trata
de una injusticia activa, ni de mala fe, sino de esa forma silenciosa y desatendida
con la que el éxito comercial tiende a sepultar los orígenes más frágiles.
Reconocerlo no es restar mérito a Torrente Presidente, sino devolver a Pedro Reyes un
lugar en la genealogía del humor español que por derecho le corresponde.
Porque Pedro Reyes no fue solo un humorista brillante. Fue, según todos los que le
conocieron, una persona bondadosa, de una humanidad que trascendía los escenarios.

En un medio donde el éxito suele ir asociado al ruido y al protagonismo, él construyó su
carrera desde el respeto al compañero, al público y a la propia artesanía de la risa. Su
humor nunca necesitó ser cruel para ser certero; su mirada nunca perdió la ternura, ni
siquiera cuando señalaba lo absurdo de nuestras contradicciones como país.
Reivindicar hoy Pedro Reyes for President no es un acto nostálgico ni una
declaración de principios estéril. Es poner en valor que, antes de que la industria
convirtiera la sátira política en un fenómeno de masas, hubo un creador que
exploró ese mismo terreno con una libertad creativa que todavía nos sorprende. Y
lo hizo sin aspavientos, sin renunciar a su estilo inclasificable, con la generosidad
de quien entiende el humor como un acto de inteligencia compartida.
Pedro Reyes fue un explorador del absurdo, un poeta del desconcierto, un hombre que
imaginó mundos donde la lógica del poder se deshacía con una sonrisa. Y quizá ahí
resida su mayor lección: en haber sido capaz de abrir caminos que otros, con el tiempo,
recorrieron con mayor fortuna mediática, pero sin alcanzar nunca esa combinación única
de ingenio, calidez y libertad que él poseía.
Hoy, cuando celebramos el impacto de Torrente Presidente, detenernos un instante para
recordar aquella chispa inicial no es un gesto menor. Es un acto de justicia cultural. Es
devolverle a Pedro Reyes la palabra que a veces se le ha escatimado: la de haber sido,
en el terreno de la sátira política desde el humor más puro, un pionero.
Su legado, aunque a veces susurrado, sigue presente. Y merece ser escuchado.
Felicitar a Pedro , allá donde se encuentre , presidente Reyes. Su campaña
—ignorada por las taquillas, pero viva en la memoria de quienes valoramos el
humor inteligente— sigue siendo uno de los legados más valiosos que este país ha
tenido la fortuna de recibir.
Espero que esta versión respete tu estilo y el tono medido que buscabas, al tiempo que
eleva la potencia emocional y la claridad argumental. Si deseas ajustar algún párrafo,
acortar o ampliar algún punto, estaré encantado de seguir refinándolo.
Enlaces para poder visionar Pedro Reyes for President:
Parte : Capitulo 1

eypGiWtB_&index=1
Parte :2-3-4

ypGiWtB_&index=2
Parte : capitulos 5-6

ypGiWtB_&index=3

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