El calendario sigue deshojándose y, con ello, ha empezado a configurarse un escenario cada vez más próximo: la administración de Gustavo Petro enfrenta, desde el miércoles 29 de abril, sus últimos 100 días con el foco puesto en la disputa electoral y la continuidad de su proyecto político, en lo que sería una transición marcada por la constante confrontación institucional y la dificultad para consolidar resultados tangibles de su gestión.
Lo que para algunos parecía lejano, incluso improbable, ante las constantes insinuaciones de querer prolongar su mandato más allá del 7 de agosto, tal parece que terminará consumándose. El primer líder de izquierda en más de 200 años de historia republicana que habita la Casa de Nariño tendrá que marcharse, en medio de una serie de interrogantes sobre el balance su gestión, pero sobre todo, el legado que dejará.
Para hacer un análisis más claro de su influencia y gestión, Infobae Colombia consultó a tres voces distintas, con el fin de hacer una ilustración de cuál podría ser el escenario en el que se desarrolle este tramo final de una administración que, en síntesis, generó múltiples expectativas, pero que, a medida que se presentaron los grandes desafíos, parece haber quedado en deuda, incluso, con sus propias promesas.

Son ellos los académicos Manuel Camilo González, maestro en Ciencias Políticas de la Universidad de Salamanca y profesor de Relaciones Internacionales de la Universidad Javeriana; Juan Nicolás Garzón, profesor de Ciencias Políticas de la Universidad de La Sabana; y David Fernando Varela, académico de la Universidad Javeriana y doctor en Asuntos Internacionales de la Universidad Johns Hopkins.
Un mandatario entre la “irrelevancia” institucional y la influencia en la agenda
En la perspectiva de González, la figura de Petro se sitúa en una doble condición. “Lo que veo es como una suerte de combinación de una situación de pato cojo y una situación de un presidente como jefe de debate o por lo menos alguien que coloca los temas”, indicó el académico, que explicó que, conforme avanzan las campañas presidenciales, cuyo momento cumbre será el 31 de mayo, “va a empezar a perder foco”.
En su análisis, el académico insistió en que ese protagonismo buscará transferirlo hacia su posible suceso, en este caso el senador oficialista Iván Cepeda. Por ello, el politólogo advierte que funcionarios y aliados han empezado a girar su atención hacia este aspirante, mientras el propio mandatario adopta decisiones “que terminan por ser un poco más allá de lo normal, porque no tiene la posibilidad de reelegirse”.
Por lo tanto, está convencido de que los votantes no van a pedirle rendir cuentas; aunque aun así Petro parece conservar la capacidad de incidir en el debate público. “El presidente, a pesar de que uno puede decir que es un pato cojo, es un pato que sigue graznando, y sigue en la palestra pública colocando temas”, sostuvo González, en relación con la intención del mandatario de estar en la agenda hasta el último día de su mandato.

Gustavo Petro y la necesidad de prolongar su proyecto político
Por su parte, Garzón anticipó una estrategia enfocada en asegurar la continuidad del proyecto progresista. “Durante estos días va a jugarse todas sus cartas para tratar de asegurar la continuidad del proyecto. Y eso implica fundamentalmente seguirle apostando en algunos casos a una lógica confrontacional, no solamente con la oposición al gobierno, sino también con otras instituciones”, advirtió el académico en su análisis.
Para el profesor, episodios como su enfrentamiento con el Banco de la República y la mención reiterada a un posible fraude electoral en los comicios, así como la presión sobre la Registraduría, tienen un fin claro. “El presidente va a seguir ese camino, algo a lo que nos tiene relativamente habituados. Podemos esperar que siga dándole o apostándole a la continuidad del proyecto”, agregó Garzón frente a este panorama.
Al ser consultado sobre el tono de las intervenciones del presidente, fue claro en expresar que las mismas podrían desarrollarse en el terreno de lo imprevisto. “Estamos acostumbrados a que el presidente nos sorprenda recurrentemente. Esta no va a ser la excepción. Por supuesto eso va a incluir participaciones, creo yo, en política”, precisó en su análisis el joven académico, que no descarta intervenciones en favor de Cepeda.

Un saldo de reformas detenidas y baja ejecución presupuestal del Gobierno
Desde la óptica de Varela, la etapa de cierre del Gobierno Petro se caracterizará por el peso electoral de las acciones y omisiones del jefe de Estado. “Estarán marcados simplemente por la reelección del proyecto político, si ocurre o no, porque aunque el presidente no esté en el tarjetón, constituye el principal activo y el principal pasivo de la candidatura del senador Cepeda”, afirmó el experto consultado por Infobae Colombia.
Con ese precepto, el académico hizo énfasis en la dificultad para mostrar avances concretos. “No podemos esperar en los 100 días ningún cambio, ni de políticas ni de programas, y tal vez tampoco la muestra de ningún resultado, porque es poco lo que se puede mostrar. Realmente, la ejecución del Plan Nacional de Desarrollo (PND) ha sido muy baja”, remarcó en su visión sobre uno de los temas claves de Petro.
Con ese análisis, el profesor reiteró que las principales reformas impulsadas por Petro, como la pensional, están todavía en estudio de la Corte Constitucional. Por ello, “todo estará centrado en el debate electoral y en un posicionamiento ideológico”, anadió Varela, que es consciente de que en materia de resultados no es claro la herencia que le dejará Petro a los colombianos, por más de que ‘meta el acelerador’ en estos 100 días.

Legitimidad institucional y respeto a la Constitución: un balance a todas luces ambiguo
En lo que respecta al impacto en la institucionalidad y la legitimidad constitucional, resulta complejo hacer un balance que se limite a hechos concretos. Para Garzón, “hay una lesión a la institucionalidad de la figura presidencial por la forma que desarrolló el presidente”, aunque en ese esbozo no se podría “afirmar con contundencia que el presidente ha destruido o acabado con alguna institución o ha roto las reglas de juego”.
Y es que el politólogo reconoció que Petro operó “dentro de lo que le permite esa institucionalidad”, aunque sus controversias “pueden llegar a tener un impacto en la legitimidad o en la fortaleza de esas instituciones”; sobre todo cuando estas controversias han trascendido a descalificaciones a la labor de otras instituciones del poder público, como podría afirmarse tras sus constantes ataques al ejercicio de control de la rama judicial.
A su vez, Varela coincidió en que el legado institucional está marcado por la tensión. “No tiene el presidente sino confrontaciones que mostrar y su discurso es fuerte en contra de las altas cortes. Ha hablado del bloqueo institucional y, en cierta medida, desconoce los pesos y contrapesos propios de cualquier constitución democrática”, precisó el académico, que alertó, además, sobre el riesgo que correría la Constitución de 1991.
“Petro está atacando el núcleo de la Constitución del 91 con sus pesos y contrapesos, con los múltiples veto gates. No es el presidente una persona propensa a generarlos, más bien genera controversia y su estilo ha sido confrontacional casi desde el principio”, indicó el doctor en asuntos internacionales, que, acto seguido, hizo mella en un asunto que se convierte en especial relevancia para el futuro jurídico del país.

En efecto, el profesor asoció el resultado electoral a una especie de plebiscito sobre el futuro constitucional. “Si ganan las fuerzas que siguen al senador Cepeda, le estarían dando un respaldarazo a la constituyente y a la revocación de la Constitución del 91 y de su modelo económico. Pero si ganan las fuerzas de la senadora Valencia o del abogado De la Espriella, sería una reafirmación de la legitimidad de ese modelo constitucional”.
Los aportes y déficits del primer gobierno de izquierda en Colombia
En este aspecto, Garzón identificó como uno de los mayores aciertos de la administración Petro “haber incluido y dado cabida en el Estado a sectores que convencionalmente no la tenían” y destacó “la dignificación en los ingresos a un sector de las Fuerzas Militares, no necesariamente el de los oficiales, sino a los sectores más sensibles allí”, por lo que hubo con esto un “interés genuino” por atender a esta población.
En su análisis, el académico también señaló deficiencias en áreas clave. “El manejo de las finanzas públicas fue una forma bastante desacertada. Uno de los grandes errores es que no asumió el rol de liderazgo y de responsabilidad en diferentes frentes que debió haber asumido, como en seguridad, en el tema fiscal, en salud. En varios de esos frentes, el gobierno planteó que la responsabilidad era de terceros”, puntualizó.
Varela añadió que la experiencia del primer gobierno de izquierda resultó “mixta”, con logros como la visibilización de minorías y el énfasis en el mundo rural. “La vicepresidenta de origen afrocolombiano y ahora la candidata a vicepresidenta de origen indígena, es parte del discurso de la izquierda y ha figurado muy alto en esta administración”, remarcó el profesor, que también mencionó el aumento del salario mínimo.

Así pues, en materia de resultados, advirtió que “no hay un balance concluyente”, ni siquiera “en las estadísticas oficiales”, por lo que se mantuvo cauto sobre señalar si se lograron o no lo que calificó “metas tan ambiciosas señaladas al principio del Gobierno”. En su perspectiva, es clave revisar con cuidado si se han ejecutado los presupuestos y si se ha avanzado en la reducción de la pobreza y de la desigualdad.
Incertidumbre en el cierre de ciclo de Gustavo Petro
En lo que están plenamente de acuerdo los expertos consultados por Infobae Colombia es que los últimos 100 días de Petro estarán marcados por una intensa disputa política con impacto significativo en el legado en las instituciones, el futuro del modelo constitucional y la posibilidad de continuidad del proyecto de izquierda en el país, que estaría encarnado en que Cepeda supere a los candidatos de la centroderecha.
“Al final de cuentas termina siendo una especie de copia de muchos expresidentes que cuando van terminando sus periodos presidenciales o pasan a la situación de expresidentes no quieren perder ese poder que han adquirido en la Casa de Nariño”, resumió González, que incluso se atrevió a compararlo, en cierta medida, con lo que representó el final de la era de Álvaro Uribe Vélez, al que le costó pasar la página de su mandato.
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