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La relación Estados Unidos-Israel hoy equivale a la de amigos con beneficios

El Querendón by El Querendón
26 julio, 2026
in Internacional
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La relación Estados Unidos-Israel hoy equivale a la de amigos con beneficios

Netanyahu acostumbra a decir que en su larga vida pública no ha conocido a otro presidente mas cercano a Israel que Trump

Ricardo Israel

PorRicardo Israel

26 Jul, 2026 06:02 a. m.Actualizado: 26 Jul, 2026 08:13 a. m. CO
Esta semana Trump y Netanyahu se volverán a reunir en Washington (AP foto/Evan Vucci)

El primer ministro Benjamín Netanyahu se encuentra preparando su viaje a Washington, donde sobresale la reunión que va a sostener con el presidente Donald Trump el martes. No hay otro país que sea más importante que EE. UU. para Israel, aunque no siempre fue así.

Es una relación de amor maduro y no una atracción entre adolescentes, aunque hoy se asemeja más bien a la de amigos con beneficios. La cercanía alcanzó su mejor momento en el periodo que fue entre junio del año pasado (la guerra de los 12 días contra Irán) y la decisión de buscar el derrumbe de la República Islámica (los bombardeos iniciados el 28 de febrero), pero ante la mantención en el poder del régimen, EE. UU. decidió negociar. Así, el Memorando de Entendimiento trajo un distanciamiento, lo que se ha acrecentado con decisiones tomadas por Washington relacionadas con Arabia Saudita y Turquía que seguramente serán conversadas. Hay un claro distanciamiento, pero en ningún caso, constituyen un divorcio.

Quizás más que un contratiempo, lo que apareció fue una encrucijada donde no coincidieron ambos países, ya que los intereses no serían los mismos, y por lo declarado, no tenían la misma óptica en relación a la actual debilidad de Teherán, ya que a través de la negociación, la Casa Blanca aceptaba la supervivencia de la República Islámica a cambio del fin del proyecto de una bomba atómica, mientras que Israel sigue deseando el reemplazo de un régimen que desde 1979 llama a la eliminación de la “entidad sionista”, ya que ni siquiera nombra a Israel.

Sin embargo, no es el momento de una revisión, ya que todo intento serio va a tener que esperar el resultado de dos elecciones separadas por solo algunos días, toda vez que el 27 de octubre hay elecciones generales en Israel y el 3 de noviembre hay comicios de medio término en EE. UU. En ambos casos, va a ser un referendo sobre los respectivos jefes de gobierno, es decir, personalizadas en Netanyahu y Trump.

¿En qué momento sorprende este viaje a la relación entre ambos países?

En el caso de Israel, muchos opinan que la situación va a variar mucho sin Netanyahu, sin embargo, creo que lo que tiene que ver con guerras y seguridad nacional acarrea el suficiente consenso para que varíen menos los comportamientos y decisiones de lo que se cree fuera del país, por lo que quienquiera sea el líder, cualquiera sea el costo, no variará significativamente el curso de la nave que es Israel en lo que tiene que ver con la seguridad del país y sus habitantes.

En efecto, a pesar de ser dependiente en muchos aspectos y no tener otro aliado tan estrecho, buena parte de la elite política y de seguridad israelí no se engaña en el sentido que tal como aconsejaba Henry Kissinger, tan malo como confrontar a EE. UU. es que su defensa dependa solo de ellos, como también surge de la experiencia de gobiernos aliados de Washington que lo fueron hasta el día que EE. UU. anunció que cambiaba de opinión, tal como ocurriera con Vietnam del Sur y Afganistán, cambios que muchas veces coinciden con periodos electorales, y de ahí la expresión que en elecciones Washington es por definición infiel. Y hoy, en EE. UU. lo que realmente debiera preocupar a Israel, tanto o más que lo que ocurre en el Medio Oriente, es lo que está pasando con el cambio profundo que está teniendo lugar en la opinión pública como también en el Congreso y en la política, con EE. UU. abandonando el apoyo automático y bipartidista a Israel, que antes se daba por descontado.

Israel y EE. UU. no siempre fueron aliados, situación que claramente apareció cuando la ONU votó a favor de la partición de la palestina británica e Israel declaró su independencia. En esos días EE. UU. estaba recién iniciándose como superpotencia y los consejos del Departamento de Estado que llegaron al escritorio del presidente, recomendaban que se demorara el reconocimiento, ya que los intereses de Washington tal como lo prueba la historia posterior, apuntaban a construir una alianza estrecha con los países árabes productores de petróleo. En todo caso, Truman no les hizo caso y reconoció al nuevo Estado, aunque sin abastecerlo de armas. La desclasificación posterior de documentos de la época muestra la existencia de informes del Pentágono que ni siquiera confiaban en la supervivencia del Estado, toda vez que inmediatamente fueron invadidos por los ejércitos de los vecinos, entonces, mucho más poderosos.

Después de dos semanas de ataques cruzados, EEUU e Irán frenaron las hostilidades este fin de semana (REUTERS/Raghed Waked)Después de dos semanas de ataques cruzados, EEUU e Irán frenaron las hostilidades este fin de semana (REUTERS/Raghed Waked)

Que en aquel entonces sus intereses no apuntaban en el mismo sentido, se manifestó en 1956, cuando debido a constantes ataques terroristas de quienes se llamaban a sí mismos fedayines, los israelíes ingresaron a Egipto, ocupando el desierto del Sinaí, lo que fue un error ya que paralelamente Francia y el Reino Unido habían atacado el Canal de Suez, recientemente expropiado por el gobierno de Gamal Abdel Nasser. De tal modo fue un error, que EE. UU., a través del presidente Eisenhower los humilló a los tres, obligándolos a retirarse.

Que sus intereses no eran todavía los mismos es demostrado en la guerra de los 6 días, cuando inmediatamente después de su inicio, en 1967 se produce el incidente del USS Liberty, que correspondió a un ataque de Israel contra un barco espía estadounidense que era presentado como “buque de investigación técnica”, pero que en efecto estaba en una misión de recolección de información. Las explicaciones de Israel fueron aceptadas que se confundió con un navío enemigo y se pagó una indemnización a los heridos y a los familiares de los muertos.

Hasta esa guerra, EE. UU. no proporcionaba armas, sino que Israel se las compraba a Francia, lo que da una idea de cuánto puede variar la amistad entre naciones. Con su victoria militar, Israel adquirió un nuevo estatus, naciendo una nueva relación, que se consolida con la Guerra de Yom Kippur y la firma del Tratado de Paz con Egipto, todo en los 70.

El vínculo con EE. UU. se fue estrechando hasta llegar a la situación actual, siempre con avances y retrocesos, pero Israel no ha encontrado ni tiene otro apoyo a ese nivel, por lo que todo distanciamiento, por pasajero que sea siempre genera problemas para Israel, dadas sus necesidades, su vecindad y el carácter casi único de su amistad con EE. UU., pero también los genera para la superpotencia, ya que no queda claro que pueda convenirle alejarse de un aliado tan estrecho y fiel, que por lo demás, a diferencia de Europa, nunca ha pedido ni necesitado tropas estadounidenses para pelear sus guerras. Es, por lo tanto, una calle de dos vías, debido a que difícilmente encuentra otros aliados que reúnan una doble cualidad, gran fidelidad a lo que el país es y representa como también éxito en el campo de batalla que es lo que Israel aporta, y como lo demuestran los avances logrados en distintos sistemas de intercepción de misiles y cohetes, EE. UU. los ha aprovechado para incorporarlos a su propia defensa. Israel también aporta avances relevantes en innovaciones tecnológicas y descubrimientos científicos.

En todo caso, como superpotencia que es, EE. UU. parece tener todo un proyecto para el Medio Oriente que no coincide siempre con Israel, al cual se ha agregado un acuerdo nuclear con Arabia Saudita, cuya materialización – según lo que ha trascendido- dependerá que ese país reconozca a Israel y que se sume a los Acuerdos de Abraham, es decir, el gobierno de Trump sigue trabajando a distintos niveles y con diferente grado de involucramiento en concretar su visión del medio oriente, no solo en Gaza, sino también en Siria e Irak, dos países con los que ha mejorado notoriamente las relaciones a partir de cambios de gobierno. Sin embargo, el proyecto de Gaza parece detenido debido a la negativa de Hamas a cumplir lo estipulado en relación con abandonar sus armas, sin lo cual, a excepción de Qatar y Turquía, no existen países dispuestos a invertir en la reconstrucción o interesados en enviar soldados para garantizar el cese del fuego.

El caso de Arabia Saudita presenta problemas, considerando que por mucho que sea para un programa civil, lo cierto es que los gobiernos pueden cambiar, pero lo que se ha incorporado como desarrollo científico-tecnológico permanece, existiendo al respecto la experiencia del Sha de Irán, quien introdujo el tema en su país con un proyecto semejante, todo lo cual sirvió para que a partir de 1979 los ayatolas buscaran su propia bomba atómica.

Estados Unidos firmó con Arabia Saudita un acuerdo nuclear que abre la puerta al enriquecimiento de uranio (REUTERS/Evelyn Hockstein)Estados Unidos firmó con Arabia Saudita un acuerdo nuclear que abre la puerta al enriquecimiento de uranio (REUTERS/Evelyn Hockstein)

Evidentemente este acuerdo de cooperación nuclear, por civil que sea, al menos parece poco oportuno, cuando ni siquiera consultaría la firma de protocolos adicionales que los Emiratos Árabes Unidos se vieron obligados a firmar recientemente. Un elemento diferenciador también se ha dado en Siria, donde Trump ha establecido una buena relación con el actual gobierno islamista que derrocó a la dictadura de Al-Asad, el que es mirado con desconfianza en Tel-Aviv, debido a la persecución que siguen sufriendo las minorías, incluyendo a sus aliados drusos, además que Turquía, el país que ha reemplazado a Irán como el principal apoyo exterior es un creciente adversario, toda vez que Erdogan ha hablado de recuperar nada menos que Jerusalén para el islam.

El proyecto nuclear de Arabia Saudita, sin los resguardos exigidos, por ejemplo, por el Organismo Internacional de Energía Atómica de la ONU, es un tema para conversar al igual que los aviones F-35 para Turquía, ya que esa venta pondría fin a la superioridad aérea de la que goza Israel en el medio oriente. Del mismo modo, todo indica que el martes se va a agregar la distinta apreciación acerca del estancamiento que se vive en Gaza, aunque en ese caso, por carecer Israel de un proyecto político nuevo, el único que está sobre la mesa es el de Trump, y por muchas críticas que reciba no hay otro en este momento, por lo que de seguir adelante, se producirá otro distanciamiento, esta vez mayor, ya que EEUU volvería a poner sobre la mesa la creación del Estado Palestino, con la Autoridad Palestina de Ramala como interlocutor.

En todo caso, el mayor problema sigue siendo Irán, ya que, a pesar de la firma del Memorándum, ante el notorio e inmediato incumplimiento de la República Islámica, la Casa Blanca volvió a bombardear diariamente, pero al ser solo una respuesta, no ha logrado el objetivo buscado, y el régimen sigue sobreviviendo. Sin embargo, por frecuente que sea el castigo, la evidencia empírica muestra que sin cambio de régimen no va a haber compromiso en el tema nuclear. La verdad es que, por la naturaleza totalitaria de un régimen de estas características, solo con la presencia de tropas se puede obtener el resultado querido, pero efectivos en terreno es exactamente el escenario que nadie quiere en la potencia, además, que, a diferencia de Israel, esta guerra con Irán es altamente impopular en EE. UU.

Hace falta algo mucho más decisivo, ya que los bombardeos tradicionales no han conseguido su propósito en Irán, tal como lo hace ver todos los días la oposición demócrata a Trump, como también en Israel, la oposición a Netanyahu agita que tampoco se ha logrado el fin de Hamas y Hezbolá, lo cual es cierto, pero esta alianza ha logrado otros objetivos, ya que estos dos movimientos están en la peor condición para invadir hoy Israel, mientras que Irán dejó de ser temible y está reducido solo a la resistencia, aunque tanto la República Islámica como Hamas y Hezbolá tienen algo en común, los tres están sobreviviendo y eso es para ellos el triunfo, toda vez que ha sido una lucha existencial.

Seguramente Netanyahu le va a decir a Trump que Israel sigue contando con el apoyo de su población para hacer un esfuerzo mayor, pero ¿puede EE. UU. hacer otra cosa, cuando la opinión pública está en contra y tiene pronto elecciones, las que cual espada de Damocles coartan muchas decisiones, aunque él lo niegue?

Irán es el principal foco de preocupación para Israel (REUTERS/Mohammed Salem)Irán es el principal foco de preocupación para Israel (REUTERS/Mohammed Salem)

En todo caso, Netanyahu y Trump pueden revisar un caso donde todo está funcionando aún mejor de lo esperado, y que muestra que EE. UU. sigue siendo la potencia indispensable para lograr acuerdos en aquello, para lo cual fue creada la ONU y que hace mucho tiempo dejó de hacer, la búsqueda de la paz. Es el caso de El Líbano, un país limítrofe con el que técnicamente sigue en guerra, y con el que nunca-hasta ahora- se habían reunido cara a cara.

La situación de guerra se inició cuando en 1948, inmediatamente creado Israel, El Líbano fue uno de los cinco países que lo invadieron. Al año siguiente hubo un cese del fuego, y relativa tranquilidad hasta que el territorio libanés empezó a ser utilizado por los efectivos guerrilleros de la Organización de Liberación Palestina para atacar a Israel, toda vez que encabezados por Yasser Arafat se habían establecido allí después del Septiembre Negro, donde el rey Hussein había utilizado a la Legión Jordana para expulsarlos después que intentaran un golpe de estado, enfrentamientos que tuvieron lugar entre el 6 de septiembre de 1970 y el 17 de julio de 1971 con miles de víctimas.

La presencia palestina alimentó el conflicto existente entre cristianos y musulmanes, lo que culminó en la guerra civil que transcurrió entre 1975 y 1990, transformando a la antigua “Suiza del Medio Oriente” en una especie de protectorado sirio, y como consecuencia, un retroceso para los cristianos del país.

En 1982 tuvo lugar la invasión israelí al Líbano con el objetivo declarado de expulsar a la OLP de dicho país. En definitiva, los combatientes y Arafat fueron acorralados en Beirut, y la presión de EE. UU. permitió una salida política que fue la evacuación hacia otros países, trasladándose Arafat al lejano Túnez donde viviría hasta que los Acuerdos de Oslo permitirían su llegada a Ramala para encabezar la Autoridad Palestina.

Como otras veces esa invasión fue una fácil victoria militar pero un fracaso estratégico, ya que el vacío de poder dejado por la guerra civil y la pérdida de importancia del ejército libanes, fue llenado por la aparición de Hezbolá como el principal poder militar y como milicia de ocupación, a las órdenes de Irán. También fracasó el intento de alianza entre ambos países, después que un atentado organizado por Siria asesinó el 14 de septiembre de 1982 al presidente electo Bachir Gemayel y otras 23 personas de su círculo cercano, la mayoría cristianos maronitas.

Israel permaneció en el sur del Líbano hasta el año 2000, cuando se retiró unilateralmente, pero en vez del ejército fue Hezbolá quien ocupó ese territorio, provocándose una segunda guerra el año 2006 con cese del fuego posterior, el cual permaneció hasta el 7-X-2023 cuando Hamas invade a Israel, lo que origina la actual situación del medio oriente, ya que en su apoyo Irán activó a todos sus proxis, terminando en un conflicto en 7 frentes para Israel, incorporándose directamente Teherán el año 2014 con su ataque de misiles a Israel.

En apoyo a Hamas, desde territorio libanés Hezbolá inicia un ataque prácticamente diario de misiles y cohetes a Israel, lo que obliga a evacuar a decenas de miles de residentes, que por alrededor de un año no pueden volver a sus hogares. Lo diferente esta vez fue la petición del gobierno a Hezbolá que no arrastrara al Líbano a la guerra, lo que no es escuchado. Después del bombardeo estadounidense a Irán, el gobierno libanés vuelve a exigirle a Hezbolá que no se involucre, lo que no es obedecido, convirtiéndose junto a los hutíes en los únicos proxys que acompañaron a la República Islámica en esta guerra.

Israel continúa sus operaciones para contrarrestar la presencia de Hezbollah en el sur del Líbano (REUTERS/Aziz Taher)Israel continúa sus operaciones para contrarrestar la presencia de Hezbollah en el sur del Líbano (REUTERS/Aziz Taher)

Este breve resumen da una idea de cuán excepcional es esta negociación entre ambos países, técnicamente aún en guerra, pero por vez primera negociando y reuniéndose cara a cara. Sin duda alguna, la actitud de la dirigencia libanesa es patriótica y valiente, pero los desafíos son monumentales, siendo el principal la capacidad militar que todavía posee Hezbolá, superior a la del ejército, además que representa a un país extranjero y no árabe como es Irán. El otro desafío es demostrar que las Fuerzas Armadas tienen la capacidad de controlar todo el territorio, en condiciones que Hezbolá es también un movimiento político que ha sido parte del gobierno del país en representación de la minoría chiita.

Nada de esto podría haberse logrado sin la mediación de EE. UU., quien demostró que en el medio oriente sigue siendo la potencia indispensable para negociaciones de paz, no solo para Israel y los países árabes, sino también sus propuestas de paz son las únicas que existen hoy para Ucrania como también para guerras en Asia, África y otros lugares.

Todo esto va a estar presente en la conversación entre Netanyahu y Trump, la de amigos con beneficio, aunque la verdadera revisión de la relación tendrá lugar después de ambas elecciones. Netanyahu acostumbra a decir que en su larga vida pública no ha conocido a otro presidente mas cercano a Israel que Trump, pero el verdadero elefante en la cristalería es que puede ser el último en algún tiempo, ya que el aumento del antisemitismo, el cambio en los medios de comunicación y en la opinión pública estadounidense encuentran correlato en el partido Demócrata, donde todo indica que va a tener el 2028 una candidatura presidencial y una plataforma crítica y alejada de Israel, como también puede darse en los republicanos si el candidato es Vance, quien es lo mas cercano a un aislacionista que ha expresado últimamente opiniones muy distantes de lo que es una amistad.

@israelzipper

Máster y PhD en Ciencia Política (U. de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)

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