De discordias, de egoísmo, de rencores que solo dañan el alma; de cargas ajenas y odios sin sentido, del agobio de un futuro que ni siquiera sabemos si llegará.
De guardar cosas inutiles “por si acaso”. De la ansiedad por poseer cosas materiales. Del exceso de futuro o el peso del pasado.
Poco a poco, también nos hacemos conscientes de que no está mal, cuidarnos a nosotros mismos.
Cada vez nos hacemos más livianos… Cuando comprendemos nuestra insignificancia frente al poderío de la naturaleza, la inmensidad del universo y la soberanía de Dios.
Rossi Er Escritora
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Colombia
Fotografía: Rossi
