Tarek pinta de noche lo que la ingeniería le enseña de día. Lo hace desde 1999,
cuando muchos aún no sabían mezclar acrílicos. Hoy suma tres premios en 2026,
27 años de oficio y una certeza que no admite discusión: el arte es la única reacción
química que no necesita catalizador. Nos recibe en su estudio de Barcelona, entre
óleos secos y partituras improvisadas, para hablar de todo lo que no cabe en un
currículum.
1— Ha vivido una evolución fascinante: desde aquellos primeros premios en los
Certames Gallegos de Xuventude en los años 90 hasta el reconocimiento
internacional de 2026, como el de Europa Multicultural. ¿Qué ha cambiado en su
obra desde aquel primer accésit de 1995? ¿Qué le ha supuesto el reconocimiento
de los Premios Europa Multicultural?
Supongo que la pintura, a nivel de técnica y forma, ha ido cambiando y adaptándose a mi
situación: juventud, primeros trabajos, vida en Madrid, vida en Barcelona, ser padre, etc.
Si tuviera que poner alguna etiqueta, diría que se ha ido balanceando el equilibrio entre
expresionismo y realidad. Me gusta pensar que ese enfoque a través del vidrio que decía
Ortega y Gasset en La deshumanización del arte, esa lente, se ha ido ajustando a través
de esas distintas situaciones. Creo que ahora busco otro tipo de reacción en el
espectador. Me he ido moviendo de la provocación a tratar de conectar a la persona con
un recuerdo. Sí, me parece que en el pasado buscaba una emoción futura y ahora busco
una emoción en el recuerdo. El Premio Europa Multicultural ha sido un honor y un orgullo
recibirlo. Me ha dado la oportunidad, además, de conocer a personas superinteresantes y
muy inspiradoras.
2— Hablemos de ese 2026 tan prolífico: exposición en Barcelona Creativa en Lloret
de Mar y, justo después, el galardón en Madrid. ¿Cómo vive esa doble presencia
—Catalunya y Madrid— en un año tan señalado?
Es genial poder mantener un pie en Madrid y el otro en Barcelona. Viví 7 años en Madrid,
tengo muchísimos recuerdos y muy buenos amigos allí. Estos años también he
participado en alguna exposición colectiva en Madrid y siempre es un gran placer volver.
Y más aún para ir a recoger el Premio Europa Multicultural. En Barcelona ya llevo 10 años
viviendo; es distinto, yo soy distinto. Diría que la energía de activación de las conexiones
es más alta aquí.
3— Usted ha hecho algo poco común: pintar con música en directo en sus "expo
conciertos". Lo hizo en Garigolo, en Albaroque, en Fuco Lois… ¿Qué le da la música
que no le da el pincel?
La música y el cine son mis principales reactivos para pintar. De hecho, suelo retratar
artistas de ambos lugares. Necesito escuchar música para pintar, y muy específica
dependiendo del momento particular de la creación de la obra. Los expo conciertos en mi
ciudad natal, Santiago, con mi amigo Alex fueron muy especiales y divertidos. La música,
el arte, la gente y todo acompañado por esa "Compostela máxica" que lo envuelve todo.
Buenos ejemplos de colaboración real entre artistas.
4— En 2025 expuso en la colectiva "Exposition des Artistes Espagnols" en París y
en "Arte Contemporáneo" en Fidelitas Arte Madrid. También en la galería Patricia
Cancelo en Barcelona. ¿Nota diferencias en la recepción del público?
Exponer siempre tiene sus beneficios: abres la obra al público, conectas con la gente, son
momentos de compartir, como ir a una sala de cine: un grupo de personas contemplando
y viviendo una experiencia juntos. En cada exposición en la que he participado siempre
me he llevado algo positivo.
Apago la grabadora. El silencio del estudio se llena entonces de un rumor antiguo: el de
los pinceles secándose, el de la trementina evaporándose en el aire. Tarek no se mueve.
Permanece frente al caballete, con la mirada perdida en ese lienzo inacabado que durante
la entrevista parecía un simple fondo, pero que ahora intuyo es el verdadero protagonista
de su próxima obsesión.
Toma un pincel plano, lo moja en un azul de ultramar y, sin mediar palabra, traza una línea
firme y segura. No hay ensayo. Hay certeza. Al fondo, sobre una estantería modesta,
brillan discretamente los premios de 2026 —Grandes Talentos, Europa Multicultural—,
casi ocultos entre frascos de pigmentos y cuadernos de química. Él ni los mira.
Al despedirme en la puerta, giro la cabeza y lo veo sumergido de nuevo en su silencio
creativo. Entonces comprendo que no he entrevistado a un artista que busca
reconocimiento. He entrevistado a un creador que ya lo encontró hace décadas, en el
único lugar donde realmente importa: dentro de cada pincelada.
Porque, al final, Tarek lo ha entendido mejor que nadie: el arte es la única reacción
química que no necesita catalizador. Solo necesita verdad.

