Las grietas del terremoto en Pereira alcanzaron mucho más que los muros de concreto de la Carrera 7ª; rompieron el corazón de generaciones de pereiranos que hoy lloran el cierre definitivo de un claustro emblemático.
Por: Wilson Escobar Gaviria
El pasado lunes 10 de agosto, la tierra se sacudió con fuerza en Pereira. El balance inicial de las autoridades habló de infraestructuras averiadas y techos caídos en varios puntos del departamento, pero las réplicas más dolorosas tardaron unas semanas en manifestarse en el alma colectiva de la ciudad. El anuncio oficial de la hermana superiora, Luz Fanny Serrano, cayó como un nuevo temblor sobre la comunidad: el tradicional Colegio Las Adoratrices cerrará definitivamente sus puertas al finalizar el año escolar.
El sismo terminó siendo el golpe de gracia para una institución privada de carácter confesional católico que ya arrastraba dificultades económicas. Sin embargo, la gravedad de los daños estructurales sufridos en su histórica sede de la Carrera 7 con Calle 30 convirtió el regreso a las aulas en un riesgo inviable para la seguridad de las estudiantes y el cuerpo docente.
Velatones, pancartas y un clamor de nostalgia
La noticia ha despertado una inmensa ola de nostalgia y rechazo pacífico. Durante los últimos días, las afueras de la sede se han convertido en el epicentro de plantones y emotivas velatones. Madres, padres de familia y alumnas, con los rostros iluminados por velas y pancartas que rezan “No queremos que cierren nuestro colegio”, exigen respuestas y alternativas.
Para Pereira, Las Adoratrices no es simplemente un edificio con salones; es un patrimonio vivo por donde transitaron casi ocho décadas de recuerdos, amistades eternas, primeras comuniones y la formación con valores de miles de mujeres risaraldenses. Ver sus pasillos hoy en silencio y marcados por el peligro del deterioro físico genera un vacío irreparable en el centro de la ciudad.
El desafío de la reubicación
Mientras las lágrimas se mezclan con las oraciones en los plantones, la emergencia administrativa apenas comienza. El secretario de Educación de Pereira, Carlos Jairo Bedoya, ha tenido que salir al paso para asegurar que la alcaldía trabaja en planes de contingencia. La prioridad inmediata es garantizar que la totalidad de la población estudiantil afectada sea reubicada de manera segura en otros planteles de la ciudad para el próximo ciclo académico, evitando la deserción escolar.
Reconstruir los techos que el sismo averió en Pereira tomará meses de obra física. No obstante, sanar el vacío histórico y sentimental que deja el cierre de Las Adoratrices tardará generaciones. Las puertas de la Carrera 7ª se cerrarán pronto, pero las lecciones impresas en el alma de sus egresadas permanecerán abiertas para siempre.

